Quienes todos los días trabajamos por la restitución de derechos vulnerados de niñas, niños y adolescentes de nuestro país, sentimos que existen actores de la sociedad argentina que carecen de todo decoro y respeto por la dignidad y los derechos de los más desprotegidos de nuestra sociedad, nuestras infancias.
No se puede hacer cualquier cosa a la hora de informar sobre y de las niñas, niños y adolescentes. Argentina tiene normas de avanzada de protección de derechos de infancia, y nadie puede, a esta altura, desconocer sus alcances y límites que impone la ley cuando se trata de nuestras pibas y pibes.
Huelga recordar que como cualquier otro derecho humano, la libertad de prensa no es de carácter absoluto. En lo que se refiere a la publicación de información o imágenes de niñas, niños y adolescentes, ya se señala en el libro sobre la Ley 26061 de Gil Dominguez, Fama y Herrera que en tanto nuestra legislación los considera sujetos de derecho, y por lo tanto ciudadanos como cualquiera de nosotros; “…es el propio individuo quien puede decidir romper el silencio que tiene derecho a mantener. Por lo que la publicación por otro sujeto, sin su consentimiento, de aspectos que solo a él o ella le conciernen, vulnera el derecho de aquel o aquella al silencio, es decir, a no expresarse.”
Desde dicha Ley nacional, por su Artículos 10 del derecho de la vida privada e intimidad familiar, como el Artículo 22 del derecho a la dignidad; como así también desde la Ley 114 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con su Art. 15 del derecho a la integridad; hay elementos jurídicos que debieran ser respetados por todos.
Ya no basta con apelar a cumplimiento de Códigos de Ética periodísticas, como el que reafirma en comunicado de repudio emitido por FOPEA y al que adhiero. Es hora que la justicia haga respetar el derecho de todas nuestras niñas, niños y adolescentes, y sin temerle a las empresas que tiene como una más de su objeto social la de informar al pueblo argentino.
La libertad de prensa no puede cargarse a nuestras infancias, menos por un puñado de pesos y pretender seguir campantes por la vida.
No alcanza con amar a los niños, es primordial que se les respeten sus derechos.
Secretaría Infancia y Adolescencia









